Una injusticia en el parque
Hace algunos años fui al parque con mis hijos. Un domingo cualquiera. Y ahí vi una pequeña injusticia.
Carlos Agami · 5 de mayo de 2026

Hace algunos años fui al parque con mis hijos.
Un domingo cualquiera.
Y ahí vi una pequeña injusticia.
O bueno,
Al menos eso pensé al principio.
A lo lejos se escuchaba música en vivo.
Así que caminamos hacia donde estaba sonando.
Y cuando llegamos me encontré con un señor muy talentoso.
Pero muy talentoso.
Traía guitarra.
Armónica.
Una especie de percusión en el pie.
Y además cantaba bien.
Bien bien.
No "bien para estar en un parque".
Bien de verdad.
De esos que te hacen pensar:
este cuate podría estar en otro escenario.
Yo estaba genuinamente admirado.
Y justo a un lado de él había otra escena.
Una mesita chiquita.
Manteles de colores.
Brownies.
Galletas.
Muffins.
Limonada.
Y dos niños vendiéndolos con letreritos hechos a mano.
Todo muy simple.
Muy casero.
Muy cero sofisticado.
Y entonces empecé a notar algo.
La gente se acercaba más a los niños que al músico.
Les compraban.
Les sonreían.
Les hacían plática.
Les hacían caso.
Mientras tanto, el músico seguía ahí.
Tocando increíble.
Pero recibiendo mucho menos atención.
Y ahí entendí una verdad medio injusta.
El músico tenía más talento.
Probablemente muchísimo más.
Pero los niños despertaban algo más inmediato.
Más ternura.
Más cercanía.
Más ganas de sacar la cartera.
Eso da coraje.
Porque uno quisiera que ganara el mejor.
Que el más preparado vendiera más.
Que la calidad se notara sola.
Pero no.
No siempre gana el mejor producto.
Muchas veces gana el que se vuelve más fácil de sentir.
Eso aplica en los parques.
Y aplica en los negocios.
Porque a veces creemos que si nuestro producto es mejor.
si nuestro servicio es mejor.
si nosotros estamos mejor preparados.
la gente debería escogernos.
Pero no.
No siempre.
A veces enfrente hay alguien menos preparado que tú.
Menos talentoso que tú.
Menos impresionante que tú.
Pero mucho más fácil de sentir.
Y eso, honestamente, da un poquito de coraje.
Porque uno quisiera que ganara el mejor.
Pero muchas veces gana el que hace sentir más.
Con cariño,
Carlos
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