Carlos Agami.
Liderazgo

A tu equipo no le falta compromiso. Se siente invisible.

Es más fácil pensar que tu equipo es apático que aceptar que se fue apagando por indiferencia. Una historia de un examen de segundo de primaria.

Carlos Agami · 4 de mayo de 2026

Niño de pie con un examen en la mano frente a la silueta de un adulto viendo televisión

No.

A tus colaboradores no les falta compromiso. Les falta sentirse vistos.

Y esa verdad incomoda. Porque es mucho más fácil pensar que tu equipo es apático, flojo o conformista que aceptar que quizá se fue apagando por tu indiferencia.

Sí. Por tu indiferencia.

El examen

Imagínate esto.

Tienes 8 años. Vas en segundo de primaria. Y acabas de sacar 4.5 en tu examen de matemáticas.

La maestra te dice que lo lleves a tu casa y regreses con la firma de tus papás.

Sales de la escuela con el estómago apretado. Vas pensando en el regaño. En el castigo. En la decepción.

Llegas a tu casa. Tus papás no están. Y te pasas toda la tarde con el examen ahí. Dándole vueltas. Sin ganas de jugar. Sin paz. Solo esperando.

En la noche llega tu mamá. Está ocupada preparando la cena. Te acercas y le dices:

"Mamá, ¿me firmas mi examen?"

Sin voltearte a ver, te manda con tu papá.

Entonces vas con él. Está acostado en el sofá. Viendo fútbol. Cansado. Distraído. Lejos.

"Papá, ¿me firmas este examen?"

Primero te batea. Luego, cuando insistes, te dice: "A ver, pásame una pluma."

Te acercas. Le das la pluma. Le das el examen. Tu corazón se acelera. Te quedas ahí parado. Esperando el regaño. Esperando una pregunta. Esperando, aunque sea, que alguien te mire.

Y entonces pasa.

Tu papá firma el examen sin quitar los ojos de la televisión. ¡Ni siquiera se da cuenta de que estás reprobado!

Eso no es alivio

¿Qué sientes? Parece alivio. Pero no lo es.

Porque sí, te salvaste del regaño. Pero te llevaste algo peor: indiferencia.

Y la indiferencia pega durísimo. No grita. No castiga. No hace escándalo. Pero te deja sintiendo algo devastador:

"Ni esto importó. Ni mi problema. Ni yo."

Lo mismo pasa en los equipos

Eso mismo pasa en muchísimos equipos. En Ventas. En Servicio al Cliente.

Las personas se sienten invisibles. Y entonces dejan de proponer. Dejan de cuidar los detalles. Dejan de meterle corazón.

El líder concluye: "le falta compromiso".

Pero no. No es que les falte compromiso. Es que llevan demasiado tiempo sintiéndose invisibles. Y la gente no se compromete con lugares donde siente que no importa.

Por eso llevo más de 15 años persiguiendo una idea muy simple: #noalaindiferencia

Porque servir a un equipo también es verlo. Escucharlo. Corregirlo. Reconocerlo. Hacerle sentir que importa.

Qué hacer con esto

Si quieres más compromiso en tu equipo, empieza por algo mucho más básico: haz que la gente se sienta vista.

No con un reconocimiento trimestral. Con algo diario: una pregunta específica, una corrección real, un comentario que demuestre que sí te diste cuenta de lo que hizo.