No me digas Charly
Lo que más enoja no es que un cliente no te compre. Es que después de explicarle todo lo que haces distinto, te diga:
Carlos Agami · 22 de febrero de 2026

Lo que más enoja no es que un cliente no te compre.
Es que después de explicarle todo lo que haces distinto,
te diga:
Ah, ok. Entonces son como los otros.
Eso sí cala.
En la prepa tenía un amigo.
Bueno, más bien un conocido.
"Tacho".
Así lo conocíamos todos.
Era un buen tipo. Tranquilo.
Pero odiaba que le dijeran así.
Todo empezó por su bigote.
Bigote → Mostacho → Tacho.
Y se quedó.
Imagínate que te reduzcan a una parte de tu cuerpo.
Como si a ti te dijeran “Ceja”.
O “Rodilla”.
Durante mucho tiempo lo dejó pasar.
Se reía.
Lo toleraba.
Hasta que un día se hartó.
Y cada vez que alguien decía "Tacho" respondía:
"Me llamo Carlos."
Aunque fuera incómodo.
Aunque tuviera que repetirlo seis veces a cada persona.
Se mantenía firme.
Y después de unas semanas ya nadie le decía Tacho.
Ahora era Carlos.
¿Te confieso algo?
Le tenía envidia.
Porque yo también soy Carlos.
Y me han dicho de todo:
Charly.
Charles Barkley.
Origami.
Mahatma Agami.
Y aunque no me gustaban,
nunca corregí a nadie.
Sonreía y aceptaba,
para no incomodar a nadie.
Tus clientes hacen lo mismo contigo.
Te reducen a algo fácil de entender:
"El baratero."
"Uno más que vende lo mismo."
"El caro."
Es como decir:
"Ya sabes, Beethoven, el de la musiquita tranquila."
O
"Shakespeare, el de las novelas largas."
Suena injusto.
Y molesta.
Pero si pasa, no es porque el cliente sea tonto.
Ni mala onda.
Es porque eso es lo que ve.
Si te comparan con todos,
quizá te estás comportando como todos.
Y así, vender te va a costar.
Piénsalo.
Feliz domingo.
Con cariño,
Carlos
PD. Recuerda: servir es el camino.
PD2. No me digas Charly, me llamo Carlos.
—
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