\"Y entonces papá ¿ya podrás estar más tiempo con nosotros?\"
Eran las 7:56 de la mañana, de un domingo. Yo estaba en la sala leyendo un libro. Solito.
Carlos Agami · 25 de enero de 2026

Eran las 7:56 de la mañana, de un domingo.
Yo estaba en la sala leyendo un libro.
Solito.
Entonces aparecieron mis hijos grandes.
Recién despertados.
David me preguntó:
—Papá, ¿terminaste de crear tu robot?
Se refería a un sistema (tipo un FAX) que armé para recibir cosas del trabajo en casa.
Usar menos WhatsApp.
Y concentrarme mejor.
Me quedé hasta las 12 de la noche trabajando en él.
Pero funcionó.
— Ya quedó y sí funciona, le dije emocionado.
He leído que los papás debemos involucrar a nuestros hijos en nuestro trabajo.
Contarles nuestros retos, nuestras fallas, nuestros miedos.
Eso nos hace humanos.
Y les enseña más que cualquier sermón en el coche.
Así que les expliqué:
Las personas de mi equipo me van a mandar ahí las cosas en las que necesiten mi ayuda.
Yo las leeré y les responderé.
Sin distraerme todo el día.
Me sentí orgulloso. Un gran ejemplo de papá, un profesional que automatiza todo lo que puede y que les deja una gran lección a sus hijos. Hasta que una pregunta me desarmó.
Moisés, con su vocecita de recién despertado, me soltó:
—¿Y entonces ya podrás estar más tiempo con nosotros?
Sentí el trancazo en el pecho. Me agarró en curva.
En pocas palabras, me estaba preguntando:
¿Y todo eso en lo que trabajas, en lo que te esfuerzas, en lo que inventas… servirá de algo?
A sus ocho años, Moisés dijo entre líneas:
Qué bueno que te guste lo que haces, pero lo único que yo quiero es que pases más tiempo conmigo.
¿Te ha pasado?
¿Que trabajas más… y al final estás menos?
Muchas veces nos confundimos.
Empezamos caminando hacia un lugar donde se supone que seremos más libres
y terminamos siendo prisioneros.
Creemos que el trabajo nos dará recompensas.
Y a veces se convierte en nuestro carcelero.
Hoy solo quiero que tú y yo nos hagamos una pregunta:
¿Para qué lo hago?
Los desvelos.
La cabeza que no para.
Ni siquiera cuando estamos en casa.
Tal vez sea para vivir con más tranquilidad.
O para compartir tiempo de calidad con tu familia.
O simplemente para sentir paz y poder sentarte a leer un libro un domingo en la mañana.
No importa cuál sea tu respuesta.
Solo no la olvides.
Porque quizá estés actuando al revés.
Buen domingo,
Carlos
PD. Servir es el camino.
—
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