Carlos Agami.
Ventas

Sé que estuvo mal

Eran las 7:00 de la mañana. Teníamos que irnos. O llegarían tarde a la escuela.

Carlos Agami · 15 de abril de 2026

Manos de un vendedor entregando un producto a un cliente sobre el mostrador

Eran las 7:00 de la mañana.

Teníamos que irnos.

O llegarían tarde a la escuela.

Y mi hijo, tirado en el sillón.

Enojado.

Y sin hacerme caso.

  • "Por favor, vámonos".

Nada.

  • "Te lo ruego, párate. Vamos a llegar tarde".

Nada.

Hasta que perdí la paciencia.

Lo cargué. Teníamos que irnos.

Pero él se resistió:

  • "Ya déjame. ¡No quiero!".

Entonces perdí la paciencia, al cuadrado.

  • "¡Haz lo que quieras entonces!".

Y lo aventé al sillón de regreso.

Mi hijo me veía con terror.

Y yo me sentía el peor papá del planeta Tierra.

¿Cómo me atreví a gritarle así?

¿Y a aventarlo al sillón?

¿Y sabes qué lo hizo aún peor?

Que ya conocía otras formas de manejar un berrinche.

Leí libros, escuché podcasts y aprendí técnicas.

Pero no las apliqué cuando importaba.

¿Te ha pasado?

¿Que aprendes la mejor forma de enfrentar un reto,

y cuando llega el momento de la verdad no lo aplicas?

Estoy seguro de que sí.

O en tu trabajo.

O con tu pareja.

O con tus hijos.

Qué feo se siente, ¿no?

Bueno, todo esto devela una incómoda verdad:

Cambiar cuesta.

Léelo de nuevo:

Cambiar cuesta.

Somos humanos.

Tenemos vicios.

Miedos.

Y nos cuesta cambiar.

Te cuesta a ti.

Y le cuesta a tu equipo.

Por eso no atienden al cliente como les pediste.

Por eso no aplican la última técnica de ventas que les enseñaste.

Acuérdate:

Saber algo no es suficiente.

El reto está en poder aplicarlo cuando importa.

Esa es mi obsesión:

ayudar a las personas a cambiar lo que hacen.

Para que sirvan mejor.

Y vendan más.

Habit

Carlos

Servir es el camino.

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