Carlos Agami.
Ventas

Almejas, trencitas y por qué vender es tan cansado

Tener vendedores mediocres es tu culpa. No de ellos. Y hay algo que puedes hacer para salvarlos.

Carlos Agami · 28 de enero de 2026

Manos de un vendedor entregando un producto a un cliente sobre el mostrador

Tener vendedores mediocres es tu culpa.

No de ellos.

Y hay algo que puedes hacer para salvarlos.

Mira.

El año pasado estuve en Acapulco.

Sentado en la playa.

Mis pies enterrados en la arena.

Mientras tanto, mis hijos y mis sobrinos se revolcaban en las olas.

Y justo cuando empezaba a pensar en mis cosas, apareció alguien:

— ¿Un masajito relajante?Le hago una demostración.

— No, muchas gracias.

Volteé rápido al mar. Conté:

1-2-3-4-5.

(Ok.Todo bien. No he perdido un niño)

Sin quitarles la mirada, volví a mis pensamientos.

Tres segundos después:

— ¿Un manguito, jefe?

— No, muchas gracias.Qué amable.

Otra vez conté.

1-2-3-4.

Cuatro.

Un agujero en el estómago.

¿Ya se me perdió un niño?

De una masa de espuma salió una cabecita.

-5.

Uffff.

Inhalé.

Exhalé fuerte.

Volví a mi mente.

Y entonces, ya sabes qué pasó, otra vez:

— ¿Un mojito, joven?

— No, muchas gracias.

Esto se repitió por hora y media.

Mis pies en la arena.

Cinco chamacos en el mar a mi cargo.

Y un desfile interminable de personas intentando ganarse la vida:

  • ¿Almeja viva?
  • ¿Pulseras?
  • ¿Lentes de sol?
  • ¿Toallas?
  • ¿Trencitas?
  • ¿Tatuajes?

Así es la playa de Acapulco.

Y muchas otras en México.

Personas que caminan bajo el sol cargando sus productos.

Algunos con charolas de comida en la cabeza.

Otros con botes pesados llenos de hielo.

Buscando encontrarse con alguien que quiera lo que venden.

Pero lo que reciben una y otra vez es:

— No gracias, ahorita no.

— Para la próxima, joven.

Y aun así siguen.

Sin quejarse.

Caminando sobre la arena caliente.

Son verdaderos guerreros.

Y de corazón los admiro.

(Por eso aborrezco a quien se atreve a regatearles un centavo.

Pero eso lo dejamos para otro día.)

Ahí, raspando la arena con los dedos del pie, pensé:

Qué difícil es vender. A ver:

  • Muchos venden lo mismo que tú.
  • Lograr que un cliente te preste atención cuesta trabajo.
  • Y cuando te pelan son escépticos.

Qué frustrante.

Qué cansado.

Cuánto esfuerzo desperdiciado.

¿Te suena?

Vender así nos vuelve esclavos del esfuerzo.

Y muchos no tienen otra opción.

Pero…

¿qué pasaría si alguien lograra ser diferente?

Si tuviera algo tan especial

y hiciera tanto ruido

que los clientes correctos se acercaran solos.

Sin caminar kilómetros.

Sin cargar el producto bajo el sol.

Sin vivir del rechazo.

Menos desgaste.

Mejores resultados.

Salir del juego de azar.

¿Se puede?

Yo creo que sí.

Y la fórmula es simple.

No fácil.

Pero simple. Tres cosas:

  • Ser especial.
  • Que te conozcan.
  • Y ponerles fácil comprarte.

A ver,

Si haces sentir algo distinto a tu cliente, que tus competidores no pueden (ni aunque vendan algo parecido a ti).

Si las personas correctas saben que existes y se acuerdan de ti cada semana.

Y si no les complicas la compra…

La magia ocurre.

No por suerte.

Por diseño.

Si no pasa eso, no estás vendiendo.

Estás caminando en la arena bajo el sol y cargando mercancía.

Yo sufrí muchos años vendiendo a punta de esfuerzo.

Quizá por eso me obsesiona tanto compartir que sí hay otra forma.

¿Quieres saber por donde empezar? Responde 6 pasos y te mando una guía.

Carlos

P.D. Servir es el camino.

PD2. Si quieres ayuda para que vender sea más fácil, hablemos.

Shopology S.A. de C.V.

Av. Pacífico 468 Local C, Coyoacán, Ciudad de México, CP 04330, México

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