Ponte abusado
Muchos están sufriendo para vender. Y no es por lo que creen. Había una vez un joven.
Carlos Agami · 12 de febrero de 2026

Muchos están sufriendo para vender.
Y no es por lo que creen.
Había una vez un joven.
Su padre era de esos hombres rudos, de los que controlaban todo.
Y un día, cuando el hijo cumplió 14, le soltó sin previo aviso:
—Mañana vienes a trabajar conmigo. Ya estuvo bueno que estés de perezoso.
Y así fue.
El joven, desmañanado y sin ganas, y su padre, decidido, se fueron al Centro de la Ciudad de México.
Llegaron a la tienda.
Vendía telas.
—Abre el candado, le ordenó.
El joven lo hizo.
—Ahora, levanta la cortina.
Y el adolescente levantó la cortina.
Pero solo lo suficiente para que, agachados, pudieran entrar.
El papá se metió.
Y justo cuando su hijo intentó pasar.
Tómala.
Un tremendo catorrazo en la frente.
La cortina se sacudió, y al pobre se le borró hasta la primaria del golpe.
Un poco aturdido, preguntó:
—¿Y ahora qué me pongo, papá?
Y el padre, sin voltear siquiera, respondió:
—¡Ponte abusado para la próxima! (Ha-Ha)
Ya en serio, más allá del chiste.
Ellos vivían en otro mundo.
Un mundo en el que para vender bastaba con levantar la cortina.
Antes bastaba con abrir el negocio.
Con llamar a los clientes.
Con ofrecer lo que vendías.
Y la gente llegaba.
Hoy no.
Hoy llamas y no te contestan.
Cotizas y no te responden.
Te dicen "lo voy a pensar". Y desaparecen.
Entran a tu tienda, ven todo, y te dicen "solo estoy viendo".
Y cuando eso pasa.
Bajas el precio.
Insistes de más.
Ruegas un poco.
Aunque no lo admitas.
Te preguntas qué estás haciendo mal.
El problema no es que el mercado esté imposible.
Es que muchos siguen vendiendo como si estuviéramos en 1967.
A ver.
Abrir el negocio y ofrecer lo que vendes sigue siendo necesario.
Pero ya no es suficiente.
Hoy la diferencia está en algo más profundo.
Se llama Experiencia de Cliente.
Que en pocas palabras es cómo haces sentir a alguien antes, durante y después de comprarte.
Piensa dónde compraste tu último café.
O tus zapatos.
O ese lugar al que vuelves sin preguntar el precio.
No compras ahí solo por el producto.
Sino cómo te hacen sentir.
Y aquí es donde casi todos se equivocan.
No es mala suerte, ni eres poco hábil.
Es que nadie les enseñó otra forma.
Por eso preparé un diagnóstico rápido con 5 mandamientos de la experiencia de cliente.
Para que midas qué tan fuerte está la tuya hoy y cómo puedes transformarla.
Respóndeme con un “5” y te lo mando.
O si prefieres que lo revisemos juntos y te diga exactamente qué puedes mejorar en tu negocio, aquí está la liga para agendar una llamada conmigo.
Aquí
Carlos
P.D. Servir es el camino.
PD2. hablemos.
—
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