Carlos Agami.
Ventas

¿Ya creció, papá?

Hay cosas que haces con toda la fe del mundo. Y no funcionan. Hace unos tres años sembré un kiwi en el jardín.

Carlos Agami · 20 de marzo de 2026

Manos de un vendedor entregando un producto a un cliente sobre el mostrador

Hay cosas que haces con toda la fe del mundo.

Y no funcionan.

Hace unos tres años sembré un kiwi en el jardín.

Mis hijos estaban ahí, paraditos detrás de mí, viendo cómo metía el kiwi en la tierra, esperando que pasara algo.

Y yo también.

Ya me estaba saboreando el momento.

"Qué buena oportunidad para enseñarles algo." Pensaba.

Que las cosas toman tiempo.

Que hay que trabajar por un resultado.

Que ver el fruto de tu esfuerzo se siente increíble.

Ya me sentía ese papá sabio, casi de película de Disney, dejando una gran lección de vida.

Pasaron semanas.

Luego meses.

Y nada.

Pura tierra.

Cada tanto escuchaba:

"¿Ya creció el árbol, papá?"

Y yo nomás veía tierra.

Me sentí ingenuo.

Entre otras cosas porque no sembré las semillas.

Sembré el kiwi entero.

Pero bueno.

El punto es que el árbol no creció.

Y ahí fue donde sentí la decepción de verdad.

No porque no creciera el árbol.

Porque la escena que me imaginé no pasó.

Yo quería que saliera algo.

Quería que ellos lo vieran.

Quería enseñarles algo.

Y no pasó.

Después entendí que eso no solo me había pasado en el jardín.

Pasa con un árbol.

Pasa con una campaña.

Pasa con las ventas.

Lo haces con ganas.

Con fe.

Con tiempo.

A veces hasta con amor.

Y no da el resultado que esperabas.

Y ahí es donde nos rompemos.

Por frustración.

Por incertidumbre.

Por miedo.

Y por cansancio también.

Porque sentimos que si hicimos las cosas bien, debería funcionar.

Frank Kern tiene una forma brutal de resumirlo.

Le llama The Rule of Dammits.

La regla de "¡demonios!"

Y dice algo que incomoda, pero también libera:

La mayoría de las personas no.

No van a pelar tu mensaje.

No se van a interesar.

No van a comprar.

No van a volver a comprarte.

No van a aceptar la venta sugerida.

Y cada vez que pasa, piensas:

"¡Demonios!"

Lo incómodo no es solo que eso pase.

Lo incómodo es que casi nadie te prepara para aceptarlo.

Porque allá afuera hay demasiada gente vendiéndote la fantasía de que, si haces las cosas bien, todos deberían responder.

Todos deberían interesarse.

Todos deberían comprarte.

Y si no pasa, entonces hiciste algo mal.

Y tú te la crees.

Porque suena bonito.

Porque tranquiliza pensar que tienes el control absoluto.

Pero luego sales al mundo real.

Y no funciona como te dijeron.

¿Por qué?

Porque "la mayoría de las personas no."

Y cuando entiendes eso, respiras distinto.

Dejas de pelearte con la realidad.

Dejas de echarte toda la culpa.

Dejas de desgastarte intentando convencer a quien no quiere ser convencido.

Y desde ese lugar ya puedes pensar mejor.

Hay 3 cosas que sí puedes hacer.

1. Bájale tantito al ego.

No puedes controlar a los clientes.

Ni tendrías que hacerlo.

2. Sirve a más gente.

La solución no siempre es convencer mejor.

A veces es sembrar más.

3. Deja de echarle agua a una cubeta rota.

Antes de querer vender más, revisa por dónde se te están yendo las ventas que ya tenías cerca.

No todo está perdido.

Hay cosas que puedes corregir.

Por eso hice una hoja de trabajo para que veas por dónde pierdes ventas y qué hacer para recuperarlas.

¿La quieres?

Respóndeme "Kiwi" y te la mando.

Carlos

Servir es el camino.

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